No estaba sorprendido, recordaba perfectamente el rostro del cadáver que me había mordido. Y casi desde el primer segundo sentí un calor abrasador en la zona donde estaba la herida, pero un frío intenso que recorría mis venas. Miro el reloj, y tan sólo han pasado unos minutos desde que he sido mordido, no podemos estar seguros de nada aunque en mi interior ya sé que algo no va bien. Mis compañeros me miran horrorizados, no saben qué hacer, las dudas fluyen por sus ojos nítidamente.
-No tiene por qué pasar nada, quizá sea una infección o un efecto de mordedura, las transformaciones milagrosas sólo pasan en las películas- añadió Sam restándole tensión al momento.
-¡¡Todo lo que nos pasa tiene que ver con las películas!! -exclamó Mishel nerviosa y desconfiada.
Alex no dice nada, sólo me quita el sudor en un paño empapado de agua, sin mirarme directamente a la cara. Ninguno sabe con certeza lo que va a pasar, pero yo ya me siento condenado. Quince minutos, siento como la fiebre sube rápidamente, empiezo a temblar...
La doctora Sky y el resto están en una pequeña discusión, los nervios están a flor de piel, siento como si los escuchara cada vez un poco más lejos, y calculo que no deben de estar a más de 10 metros en la estancia. Veinte minutos desde la mordedura, Sam me da algo de comer, dice que me dará fuerzas. Debo tener muy mal aspecto tal y como me mira Mishel, es la que menos disimula y puede que en este caso la que me muestre más sinceridad. Gracias a ella ahora sé que doy miedo. Me despierto como si hubiera pasado una eternidad, miro el reloj y veo que sólo han pasado dos minutos, Alex está a mi lado, ha intentado reanimarme pero en ningún momento he sentido cómo me sacudía, ni cómo me gritaba. Treinta minutos; Sam disimula, pero tiene su hacha bien afianzada, y sé que está en tensión por cómo aprieta los puños contra el mango. Me miro los brazos y parecen más delgados, quizá sea mi imaginación, lo que sí asusta son mis venas, me duelen, y se marcan más de lo habitual. Apenas puedo oírles, tan sólo un martilleo en mi cabeza, doloroso y rítmico. Parece el martilleo de un corazón desbocado, luchando por escapar, por sobrevivir. Despierto de nuevo, miro el reloj, treinta y cinco minutos y otra aparente eternidad. Si no fuera por el reloj diría que llevo días así. Me sobresalto cuando Alex señala mi brazo, las venas están negras y mi aspecto general no promete ser mejor. Siento como si transportaran hielo líquido, quemando de frío... y de pronto siento un quemazón en el pecho, muy fuerte. Siento mi cuerpo convulsionar antes de que la oscuridad se apodere de mí.
jueves, 15 de octubre de 2009
viernes, 2 de octubre de 2009
Cristales rotos
Por un instante me vi suspendida en el aire, después, mi cuerpo impactó brutalmente contra la cubierta del edificio que había junto a la comisaría. A mi espalda escuché el aullido desgarrador de la criatura al precipitarse al vacío, luego un fuerte estruendo y los gritos de Sam y Mishel mientras corrían hacia el borde del tejado. Me incorporé lentamente, recuperándome del golpe, y gateé hasta situarme a su lado. Abajo, en el suelo, el cadáver que nos había perseguido se arrastraba por el callejón, pero no había rastro de Isaac.
- Tiene que haberse metido por alguna de las ventanas -dijo Sam, respondiendo a la pregunta que todos teníamos en la cabeza.
Entramos en el edificio a través de una trampilla, con suma cautela y las armas preparadas, ya que no sabíamos qué podíamos encontrarnos en el interior. Sam, que encabezaba la marcha, nos indicó que guardáramos silencio mientras comenzábamos a avanzar por un pasillo estrecho y de techo bajo. Mishel iba detrás de él, sin abrir la boca, y yo iba en último lugar, vigilando continuamente mis espaldas. No encontramos rastro de Isaac en aquel nivel, así que descendimos al piso inferior. Tampoco nos cruzamos con ningún muerto, aunque seguíamos oyendo sus gemidos lejanos, en la calle.
Recorrimos el piso inferior conteniendo la respiración. Sam se asomaba a todas las habitaciones, que parecían oficinas, y negaba, con un suspiro, en cuanto comprobaba que estaban vacías. En una de ellas encontramos un par de cadáveres, definitivamente muertos ya que tenían el cráneo destrozado. Al parecer, alguien había pasado por allí antes que nosotros. No supe si tranquilizarme o alarmarme por ello. Finalmente, tras abrir una de las puertas, Sam soltó una exclamación que apenas entendí, y todos nos precipitamos dentro de la habitación. Era una especie de despacho que parecía haber sido abandonado a toda prisa, con papeles desperdigados sobre la mesa y una silla volcada. Cerca de la ventana había un cuerpo inerte, sobre una alfombra de sangre y cristales rotos. Nos aproximamos a él con cautela, y finalmente respiramos al comprobar que su pecho subía y bajaba, rítmicamente, y que por tanto estaba vivo, al menos de momento. Me arrodillé a su lado mientras Sam se quedaba en la puerta, vigilando, y Mishel observaba preocupada desde una distancia prudencial.
Tenía pulso, un poco acelerado, y respiraba al parecer sin dificultad. La ropa y la piel aparecían manchadas de sangre, aunque no podía decir si era toda suya o no. Estaba inconsciente, y tenía varios cortes y arañazos en las manos y en la cara, que no parecían ser demasiado graves. Empezó a volver en sí mientras revisaba su pierna derecha, ya que tenía el pantalón empapado en sangre, y entonces, al retirar la bota destrozada, vi la herida, más o menos a la altura del tobillo. Ésta sí parecía grave... Isaac me miró con expresión sombría mientras las manos comenzaban a temblarme y casi sin darme cuenta me ponía a negar con la cabeza.
- No... no... no...
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Muerte en la azotea
Tenemos que salir de aquí, rápido, ya. Hay que buscar una forma de escapar... pero no puedo pensar si Mishel no deja de sollozar detrás de mí.
- ¡Cállate, por favor! -le grito, exasperada. Ella me mira, dolida, y se lleva una mano al hombro dislocado. Es una lesión dolorosa, pero, por suerte, una de las primeras cosas que aprendí a solucionar. Le agarro el brazo y, con un movimiento brusco, coloco la articulación en su sitio. Se oye un fuerte crujido seguido de un grito de dolor. Espero que así deje de lloriquear.
Sam nos alerta, se oyen ruidos en los pisos inferiores, estaremos perdidos si no hacemos algo. Mel está muerto. Isaac podría estarlo. Me tiemblan las manos, creo que estoy perdiendo los nervios. Corro hacia uno de los extremos de la azotea. El edificio contiguo a la comisaría es una especie de garaje donde los policías dejan los coches patrulla, aunque en la parte superior se ven ventanas, probablemente haya algún tipo de oficina. Su cubierta es plana, así que si pudiéramos llegar hasta ella, tal vez tuviésemos una oportunidad de salir de esto con vida... Pero estamos demasiado altos para saltar, y no podemos volver al piso de abajo. Alex, ¡eres una científica! ¡piensa algo! Miro a mi alrededor, buscando algo que pueda sernos útil.
- ¡Una escalera! -exclama Sam. En el suelo de la azotea hay una escalera, probablemente utilizada para el mantenimiento de las antenas de radio y telefonía, de las que estamos rodeados. La coge triunfante y se asoma a la barandilla para colocarla, yo dirijo una mirada nerviosa a la puerta de acceso a las escaleras. Desde abajo siguen llegando gemidos, gritos y golpes, desesperadamente intento distinguir la voz de Isaac, pero no lo consigo.
Mierda. Mierda, mierda, mierda. La escalera no llega, ha caído sobre la cubierta del edificio anexo y seguimos sin poder escapar, y los ruidos son cada vez más intensos. Escuchamos unos pasos vacilantes que se acercan. Por favor, por favor, que sea Isaac. Sam se acerca sigilosamente a la puerta, con el hacha en alto. Una figura atraviesa el umbral, y se vuelve hacia él con los brazos estirados y la mirada perdida. Sam, sin vacilar, le parte el cráneo con el hacha, salpicándose de sangre y astillas de hueso. Consciente de que pueden llegar más, saco el arma con la que he estado practicando antes. Sin embargo, de momento, no aparece ninguno más, y lo más urgente es encontrar una forma de escapar de aquí. Mishel está llorando de nuevo, voy a volverme loca.
- ¿Crees que alguna de las antenas nos serviría para pasar al otro edificio? -dice Sam. Me asomo a la barandilla de nuevo, tal vez si encontramos un lugar donde fijar uno de los extremos...
- Si apoyamos un extremo al aparato de aire acondicionado podría actuar como tope... y podríamos deslizarnos hasta abajo -le digo. Es un poco arriesgado, pero a estas alturas, qué más da, moriremos de todas formas. Sam se acerca a una de las antenas y comienza a darle hachazos en la base. Va sonriendo a medida que el metal cede a sus brutales golpes, y de repente Mishel y yo tenemos que apartarnos para que la antena no nos aplaste. Cae con un fuerte estrépito, lo cual me temo que atraerá a más cadáveres, así que debemos ser rápidos. Colocamos la antena bien apoyada: la base, en la cubierta del otro edificio, apoyada en un aparato de aire acondicionado, el otro lado, sobre la barandilla de la azotea de la comisaría. Está bastante inclinada, pero confío en que podremos bajar por ella. Sam y Mishel bajan primero, deslizándose lentamente por el metal. A ella le sigue doliendo el brazo, así que necesita un poco de ayuda. Una vez llegan abajo, los escucho respirar aliviados, y les lanzo las mochilas que hemos podido rescatar durante nuestra huida. Antes de tener tiempo de darme la vuelta, oigo uno de esos escalofriantes aullidos a mi espalda, no necesito mirar para saber qué es, agarro firmemente la pistola y, dándome la vuelta, disparo. La bala impacta en su pecho, pero el maldito despojo apenas se tambalea. Disparo de nuevo, esta vez acierto en el ojo y el cuerpo cae al suelo, inerte.
Se oyen de nuevo ruidos y pasos en las escaleras, pero no me atrevo a cerrar la puerta. ¿Y si es Isaac a quien impido salir? Me quedo un momento muy quieta, conteniendo la respiración, con el pulso tan acelerado que me pregunto por qué no estoy sufriendo un infarto. Y entonces, aparece. Cubierto de sangre y con el dolor grabado en el rostro, rápidamente cierra la puerta y se dirige a mí, cojeando.
- ¡Hay uno de los rápidos! -grita Isaac, con la voz rota.
Era noche cerrada cuando salí al tejado de la comisaría, sentía el incesante martilleo de mi agitado corazón en las sienes. Ladré una advertencia a la doctora en cuanto la vi cerca de una improvisada pasarela, mientras, empecé a avanzar lo más deprisa que pude, cojeando. Me dolía horrores, pero a mis perseguidores eso no les importaba, seguían ascendiendo por las escaleras implacables, hambrientos. Conseguí alcanzar a Alex justo cuando apareció al exterior, allí estaba, mirándonos con ojos crueles y rostro desencajado, empezó a caminar, cada paso más rápido que el anterior, abalanzándose contra nosotros iniciando una pequeña carrera. Sam nos gritaba desde el otro edificio desesperado y encogido de consternación, Mishel lloraba acurrucada sin querer mirar la escena que acontecía a escasos metros de ellos. Alex empezó a cruzar por la pasarela, ayudándome con mi cojera, el zombie se aproximaba, "demasiado rápido" -pensé, iba a alcanzarnos y probablemente a lanzarnos al vacío. Empujé a Alex con todas mis fuerzas hacia el tejado del edificio colindante, y salté, la predecible criatura, saltó detrás de mí. Había una cuenta pendiente entre él y yo, al parecer él también lo entendió así. No podría decir cuantos metros caí hasta estamparme contra el cristal de una ventana, probablemente unos dos o tres pisos por debajo. No pensé que llegaría con la pierna herida, al saltar, pero oí el grito desgarrador de la endemoniada criatura al caer al vacío justo antes de que la oscuridad se cerniera sobre mí, dejándome nadar en un mar de inconsciencia.
- ¡Cállate, por favor! -le grito, exasperada. Ella me mira, dolida, y se lleva una mano al hombro dislocado. Es una lesión dolorosa, pero, por suerte, una de las primeras cosas que aprendí a solucionar. Le agarro el brazo y, con un movimiento brusco, coloco la articulación en su sitio. Se oye un fuerte crujido seguido de un grito de dolor. Espero que así deje de lloriquear.
Sam nos alerta, se oyen ruidos en los pisos inferiores, estaremos perdidos si no hacemos algo. Mel está muerto. Isaac podría estarlo. Me tiemblan las manos, creo que estoy perdiendo los nervios. Corro hacia uno de los extremos de la azotea. El edificio contiguo a la comisaría es una especie de garaje donde los policías dejan los coches patrulla, aunque en la parte superior se ven ventanas, probablemente haya algún tipo de oficina. Su cubierta es plana, así que si pudiéramos llegar hasta ella, tal vez tuviésemos una oportunidad de salir de esto con vida... Pero estamos demasiado altos para saltar, y no podemos volver al piso de abajo. Alex, ¡eres una científica! ¡piensa algo! Miro a mi alrededor, buscando algo que pueda sernos útil.
- ¡Una escalera! -exclama Sam. En el suelo de la azotea hay una escalera, probablemente utilizada para el mantenimiento de las antenas de radio y telefonía, de las que estamos rodeados. La coge triunfante y se asoma a la barandilla para colocarla, yo dirijo una mirada nerviosa a la puerta de acceso a las escaleras. Desde abajo siguen llegando gemidos, gritos y golpes, desesperadamente intento distinguir la voz de Isaac, pero no lo consigo.
Mierda. Mierda, mierda, mierda. La escalera no llega, ha caído sobre la cubierta del edificio anexo y seguimos sin poder escapar, y los ruidos son cada vez más intensos. Escuchamos unos pasos vacilantes que se acercan. Por favor, por favor, que sea Isaac. Sam se acerca sigilosamente a la puerta, con el hacha en alto. Una figura atraviesa el umbral, y se vuelve hacia él con los brazos estirados y la mirada perdida. Sam, sin vacilar, le parte el cráneo con el hacha, salpicándose de sangre y astillas de hueso. Consciente de que pueden llegar más, saco el arma con la que he estado practicando antes. Sin embargo, de momento, no aparece ninguno más, y lo más urgente es encontrar una forma de escapar de aquí. Mishel está llorando de nuevo, voy a volverme loca.
- ¿Crees que alguna de las antenas nos serviría para pasar al otro edificio? -dice Sam. Me asomo a la barandilla de nuevo, tal vez si encontramos un lugar donde fijar uno de los extremos...
- Si apoyamos un extremo al aparato de aire acondicionado podría actuar como tope... y podríamos deslizarnos hasta abajo -le digo. Es un poco arriesgado, pero a estas alturas, qué más da, moriremos de todas formas. Sam se acerca a una de las antenas y comienza a darle hachazos en la base. Va sonriendo a medida que el metal cede a sus brutales golpes, y de repente Mishel y yo tenemos que apartarnos para que la antena no nos aplaste. Cae con un fuerte estrépito, lo cual me temo que atraerá a más cadáveres, así que debemos ser rápidos. Colocamos la antena bien apoyada: la base, en la cubierta del otro edificio, apoyada en un aparato de aire acondicionado, el otro lado, sobre la barandilla de la azotea de la comisaría. Está bastante inclinada, pero confío en que podremos bajar por ella. Sam y Mishel bajan primero, deslizándose lentamente por el metal. A ella le sigue doliendo el brazo, así que necesita un poco de ayuda. Una vez llegan abajo, los escucho respirar aliviados, y les lanzo las mochilas que hemos podido rescatar durante nuestra huida. Antes de tener tiempo de darme la vuelta, oigo uno de esos escalofriantes aullidos a mi espalda, no necesito mirar para saber qué es, agarro firmemente la pistola y, dándome la vuelta, disparo. La bala impacta en su pecho, pero el maldito despojo apenas se tambalea. Disparo de nuevo, esta vez acierto en el ojo y el cuerpo cae al suelo, inerte.
Se oyen de nuevo ruidos y pasos en las escaleras, pero no me atrevo a cerrar la puerta. ¿Y si es Isaac a quien impido salir? Me quedo un momento muy quieta, conteniendo la respiración, con el pulso tan acelerado que me pregunto por qué no estoy sufriendo un infarto. Y entonces, aparece. Cubierto de sangre y con el dolor grabado en el rostro, rápidamente cierra la puerta y se dirige a mí, cojeando.
- ¡Hay uno de los rápidos! -grita Isaac, con la voz rota.
Era noche cerrada cuando salí al tejado de la comisaría, sentía el incesante martilleo de mi agitado corazón en las sienes. Ladré una advertencia a la doctora en cuanto la vi cerca de una improvisada pasarela, mientras, empecé a avanzar lo más deprisa que pude, cojeando. Me dolía horrores, pero a mis perseguidores eso no les importaba, seguían ascendiendo por las escaleras implacables, hambrientos. Conseguí alcanzar a Alex justo cuando apareció al exterior, allí estaba, mirándonos con ojos crueles y rostro desencajado, empezó a caminar, cada paso más rápido que el anterior, abalanzándose contra nosotros iniciando una pequeña carrera. Sam nos gritaba desde el otro edificio desesperado y encogido de consternación, Mishel lloraba acurrucada sin querer mirar la escena que acontecía a escasos metros de ellos. Alex empezó a cruzar por la pasarela, ayudándome con mi cojera, el zombie se aproximaba, "demasiado rápido" -pensé, iba a alcanzarnos y probablemente a lanzarnos al vacío. Empujé a Alex con todas mis fuerzas hacia el tejado del edificio colindante, y salté, la predecible criatura, saltó detrás de mí. Había una cuenta pendiente entre él y yo, al parecer él también lo entendió así. No podría decir cuantos metros caí hasta estamparme contra el cristal de una ventana, probablemente unos dos o tres pisos por debajo. No pensé que llegaría con la pierna herida, al saltar, pero oí el grito desgarrador de la endemoniada criatura al caer al vacío justo antes de que la oscuridad se cerniera sobre mí, dejándome nadar en un mar de inconsciencia.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Asedio
En apenas unos segundos estábamos en el piso de abajo, armados y aterrorizados. Los crujidos y golpes procedentes de las ventanas y la puerta se escuchaban ahora con más claridad, acompañados por los escalofriantes gemidos de los muertos que intentaban entrar en el edificio. Mel, medio desnudo, empujaba una mesa hacia la puerta con intención de reforzar la pequeña barricada que habíamos construido antes. Mishel se encontraba en el centro de la estancia, completamente paralizada y con una expresión en el rostro que era el reflejo del pánico, sujetando la camisa de Mel entre sus manos temblorosas. Los golpes eran cada vez más fuertes.
- ¡Tenemos que contener el ataque! -gritó Mel desde la puerta-. ¡Hay demasiados ahí fuera para enfrentarnos a ellos!
Su voz actua como catalizador, y rápidamente nos ponemos en marcha, mientras el militar nos da instrucciones sobre qué hacer. Isaac corre a su lado para ayudarle a reforzar la puerta, los demás, nos dirigimos a las ventanas de la parte frontal, que parece ser la que está siendo atacada. Comienzo a empujar una estantería hacia una de ellas, mientras siento cómo mi pulso se acelera y una oleada de adrenalina recorre mi cuerpo.
Los golpes desde el exterior son brutales, Mel y yo rebotamos con cada embestida desde afuera, y la madera gruñe y se retuerce con los golpes. "Es inútil, su fuerza es muy superior a la humana y parecen incansables, la puerta no aguantará mucho.."- pienso mientras hago fuerza con todo mi cuerpo para sujetar la puerta junto a Mel. Miro a mi alrededor y la situación no es mejor para el resto de mis compañeros, Sam y Alexandra sujetan cada uno una ventana tapiada, mientras la madera cruje cada vez con más fuerza y las astillas saltan a su alrededor. Al otro lado de la estancia está Mishel, abro los ojos como platos al ver lo que está haciendo, ha descolocado varias tablas de las que tapiaban la ventana dejando una abertura para acceder al interior, entonces caigo en la cuenta, su ventana no está siendo atacada, ¿pretende escapar mientras entretenemos a los zombies?
-¡¡AAAAhhhhh!!- Un grito de mujer interrumpe mis pensamientos, uno de los malditos la ha atrapado por el brazo y tira violentamente de ella hacia el exterior, puedo oír entre el caos el crujido de su hombro al descolocarse del sitio, Mel me deja solo ante la puerta, cierro los ojos por un momento aguantando la embestida, que rompe una de las tablas provocando un agujero en la puerta por encima de mi cabeza. En dos zancadas Mel se sitúa a la altura de Mishel, golpea violéntamente al zombi con su porra consiguendo que deje a su presa.
-¡¡Aléjate de la ventana!!- grita a la muchacha, mientras a patadas estampa la suela de su bota sobre los rostros de los malditos que intentan acceder desesperados al interior. Inmediatamente después, algo entra como lanzado desde el exterior, derribando a Mel con mucha fuerza contra el suelo entre gruñidos y forcejeos. Mishel, gimoteando, se arrastra hasta las escaleras para iniciar el ascenso al piso superior, otra embestida me lanza de espaldas contra el suelo. Hay un nuevo agujero en la puerta, pronto accederán al interior.
-¡¡Subid, dejad las ventanas y subid!! -Grito mientras me incorporo y saco mi arma. Uno, dos, tres tiros, la criatura cae al lado de Mel mientras la maltrecha puerta no resiste la siguiente embestida y exhala un crujido definitivo entre astillas de madera. Los ojos vacíos de Mel me miran mientras se forma en su espalda una espesa capa carmesí. Esta muerto, con una horrible herida en el cuello, inerte. Alex ayuda a Mishel a subir con dificultad, mientras Sam se coloca a mi lado, con el hacha presta dispuesto a todo. Otra ventana se abre con una nube de virutas de madera, y más demonios hambrientos entran en la comisaría. No dejo de disparar mientras la sangre salpica a Sam en sus brazos y rostro con cada hachazo.
-¡¡Sube maldita sea Sam, yo soy el que tiene el arma a distancia!! -grito a la desesperada.
Mi última visión de la planta baja de la comisaría me provoca un fuerte dolor en el pecho. Las ventanas que tratábamos de contener han saltado en pedazos, y el suelo está cubierto de cristales rotos y madera astillada. Sam e Isaac están retrocediendo a medida que los zombies ganan terreno. A un lado, en el suelo, veo a Mel. Bajo su cuerpo se ha formado un gran charco de sangre procedente de la herida en su cuello. Una estantería llena de archivadores ha caído encima de él, dejándolo atrapado a la altura de la cintura, pero no importa, ya está muerto. Me alejo de la dantesca escena oyendo los gritos de Isaac ordenando a todos subir al piso de arriba, tirando de Mishel que, dolorida y aterrorizada, apenas es capaz de articular las palabras.
- ¡Te colocaré el hombro después, ahora sube! -le grito, comenzando a perder los nervios. Llegamos a la segunda planta, pero ello no supone que estemos más seguras, sólo es cuestión de tiempo que suban hasta aquí. Le ordeno a Mishel que suba hasta la azotea, yo cojo un par de nuestras mochilas y la sigo. Oigo a alguien detrás de nosotras, rezo para que sea uno de los nuestros y corro escaleras arriba tan rápido como puedo. Finalmente, llego a la puerta que da acceso a la azotea, que Mishel mantiene abierta para que pueda pasar. Poco después, aparece Sam. Dice que Isaac sigue abajo. Entonces, escuchamos un fuerte estrépito y, por un momento, se hace el silencio.
- ¡Tenemos que contener el ataque! -gritó Mel desde la puerta-. ¡Hay demasiados ahí fuera para enfrentarnos a ellos!
Su voz actua como catalizador, y rápidamente nos ponemos en marcha, mientras el militar nos da instrucciones sobre qué hacer. Isaac corre a su lado para ayudarle a reforzar la puerta, los demás, nos dirigimos a las ventanas de la parte frontal, que parece ser la que está siendo atacada. Comienzo a empujar una estantería hacia una de ellas, mientras siento cómo mi pulso se acelera y una oleada de adrenalina recorre mi cuerpo.
Los golpes desde el exterior son brutales, Mel y yo rebotamos con cada embestida desde afuera, y la madera gruñe y se retuerce con los golpes. "Es inútil, su fuerza es muy superior a la humana y parecen incansables, la puerta no aguantará mucho.."- pienso mientras hago fuerza con todo mi cuerpo para sujetar la puerta junto a Mel. Miro a mi alrededor y la situación no es mejor para el resto de mis compañeros, Sam y Alexandra sujetan cada uno una ventana tapiada, mientras la madera cruje cada vez con más fuerza y las astillas saltan a su alrededor. Al otro lado de la estancia está Mishel, abro los ojos como platos al ver lo que está haciendo, ha descolocado varias tablas de las que tapiaban la ventana dejando una abertura para acceder al interior, entonces caigo en la cuenta, su ventana no está siendo atacada, ¿pretende escapar mientras entretenemos a los zombies?
-¡¡AAAAhhhhh!!- Un grito de mujer interrumpe mis pensamientos, uno de los malditos la ha atrapado por el brazo y tira violentamente de ella hacia el exterior, puedo oír entre el caos el crujido de su hombro al descolocarse del sitio, Mel me deja solo ante la puerta, cierro los ojos por un momento aguantando la embestida, que rompe una de las tablas provocando un agujero en la puerta por encima de mi cabeza. En dos zancadas Mel se sitúa a la altura de Mishel, golpea violéntamente al zombi con su porra consiguendo que deje a su presa.
-¡¡Aléjate de la ventana!!- grita a la muchacha, mientras a patadas estampa la suela de su bota sobre los rostros de los malditos que intentan acceder desesperados al interior. Inmediatamente después, algo entra como lanzado desde el exterior, derribando a Mel con mucha fuerza contra el suelo entre gruñidos y forcejeos. Mishel, gimoteando, se arrastra hasta las escaleras para iniciar el ascenso al piso superior, otra embestida me lanza de espaldas contra el suelo. Hay un nuevo agujero en la puerta, pronto accederán al interior.
-¡¡Subid, dejad las ventanas y subid!! -Grito mientras me incorporo y saco mi arma. Uno, dos, tres tiros, la criatura cae al lado de Mel mientras la maltrecha puerta no resiste la siguiente embestida y exhala un crujido definitivo entre astillas de madera. Los ojos vacíos de Mel me miran mientras se forma en su espalda una espesa capa carmesí. Esta muerto, con una horrible herida en el cuello, inerte. Alex ayuda a Mishel a subir con dificultad, mientras Sam se coloca a mi lado, con el hacha presta dispuesto a todo. Otra ventana se abre con una nube de virutas de madera, y más demonios hambrientos entran en la comisaría. No dejo de disparar mientras la sangre salpica a Sam en sus brazos y rostro con cada hachazo.
-¡¡Sube maldita sea Sam, yo soy el que tiene el arma a distancia!! -grito a la desesperada.
Mi última visión de la planta baja de la comisaría me provoca un fuerte dolor en el pecho. Las ventanas que tratábamos de contener han saltado en pedazos, y el suelo está cubierto de cristales rotos y madera astillada. Sam e Isaac están retrocediendo a medida que los zombies ganan terreno. A un lado, en el suelo, veo a Mel. Bajo su cuerpo se ha formado un gran charco de sangre procedente de la herida en su cuello. Una estantería llena de archivadores ha caído encima de él, dejándolo atrapado a la altura de la cintura, pero no importa, ya está muerto. Me alejo de la dantesca escena oyendo los gritos de Isaac ordenando a todos subir al piso de arriba, tirando de Mishel que, dolorida y aterrorizada, apenas es capaz de articular las palabras.
- ¡Te colocaré el hombro después, ahora sube! -le grito, comenzando a perder los nervios. Llegamos a la segunda planta, pero ello no supone que estemos más seguras, sólo es cuestión de tiempo que suban hasta aquí. Le ordeno a Mishel que suba hasta la azotea, yo cojo un par de nuestras mochilas y la sigo. Oigo a alguien detrás de nosotras, rezo para que sea uno de los nuestros y corro escaleras arriba tan rápido como puedo. Finalmente, llego a la puerta que da acceso a la azotea, que Mishel mantiene abierta para que pueda pasar. Poco después, aparece Sam. Dice que Isaac sigue abajo. Entonces, escuchamos un fuerte estrépito y, por un momento, se hace el silencio.
viernes, 21 de agosto de 2009
Lecciones
"¿Estáis bien?" susurró Sam, sin atreverse a levantar la voz todavía. Todos asintieron en silencio. Enseguida, él y Mel se pusieron a reforzar las ventanas y puertas tapiadas, por si a nuestros recientes visitantes se les ocurría volver. Mientras Isaac trataba de tranquilizar a la chica nueva, fui corriendo a buscar un botiquín para curar la herida que tenía en el brazo. Lo encontré, como suponía, en el cuarto de baño. Cuando entré, me quedé helada durante un momento. Todo estaba blanco, limpio. Había toallas, jabón, papel higiénico. Al cerrar la puerta, casi parecía que no estaba viviendo el mismo apocalipsis. Disfruté durante algunos segundos de aquella ilusión de normalidad, aún sabiendo que volver a la realidad sería más duro todavía, luego, descolgué de la pared el armarito con las medicinas y volví junto a los demás. Me arrodillé junto a la chica nueva y le cogí el brazo suavemente. "Me llamo Alexandra, ¿y tú?" dije. "Mishel" respondió. "Voy a limpiarte la herida con antiséptico para que no se infecte", le expliqué, al tiempo que dejaba caer sobre el corte un chorro de líquido transparente. Ella levantó una ceja. "¿Qué eres, enfermera o algo así?" preguntó. "Médico residente en urgencias" respondí, tal vez en un tono demasiado cortante.
Me encontraba disparando en la sala de entrenamiento cuando sentí la mano de la doctora sobre mi hombro. Me quité un auricular para oírla mejor.
-Venía para comprobar los arañazos en tu cara- dijo la doctora mientras me examinaba la mejilla con ojo experto.
-No te preocupes, no es nada, ¿va todo bien por ahí arriba?
-Mishel, la nueva, parece tomarse demasiadas libertades, trata a Mel como si fuera su siervo.
-¿Y Sam?
La doctora sonríe pícara y responde:
- Procura evitarlo, al parecer le dió un buen susto con algo referente a su querida Edurne.
-¿Edurne?
-Su querida hacha, parece que ya la ha bautizado y todo.
Inevitablemente suelto una carcajada, "inconfundible Sam" pienso, mientras levanto el arma, apunto y disparo al maniquí del fondo acertando en el centro de la diana que es su rostro.
-¡¡Buena puntería!!-exclama Alex sorprendida.
-Muchas horas de práctica, ven, te enseñaré.
Me coloco detrás de ella, mientras se pone los cascos y sopesa el arma. Desde atrás corrijo la posición de sus brazos y le indico por donde apuntar.
-Cuidado con el retroceso, las primeras veces te sorprenderá, así que sujétala con fuerza. Aprieta el gatillo...
El retroceso del arma, tal como había dicho Isaac, me sorprende un poco, aunque ya prevenida, mantengo los brazos firmes, siguiendo sus instrucciones. La bala ha pasado rozando el hombro del maniquí, levantando una nubecilla de polvo y astillas. Me vienen a la cabeza las imágenes de... ¿cuándo fue, ayer? Los difíciles momentos en la zanja, cuando disparé al zombie. Parece que hayan pasado meses... Isaac me quita los cascos, sonriendo.
- No está mal para empezar... Aunque creo que para acabar con los cadáveres, hay que darles en la cabeza. ¿Quieres volver a intentarlo?
Asiento y me coloco de nuevo los cascos. Isaac me levanta un poco los brazos, enderezando mi postura. Después de los acontecimientos de los últimos días, esto me parece incluso divertido. Vuelvo a disparar. Esta vez la bala ha impactado en la cabeza del maniquí. ¿De verdad he acertado en el blanco? Isaac se ríe a carcajadas, que me llegan débiles y amortiguadas debido a los auriculares, probablemente a causa de la expresión de absoluto asombro que tengo en este momento.
Hora y media de prácticas de tiro es un buen entrenamiento para empezar, aunque muy cansado.
-¡Buen tiro muchacha!- la voz de Sam retumbó como un trueno desde la puerta de la estancia.
-Habéis tenido una buena idea, el mundo parece haberse vuelto un poco peligroso últimamente, no esta de más que entrenemos nuestras habilidades de combate pero la cena ya está lista y este viejo estómago no deja de rugir.
Una carcajada a tres voces, resonó en la sala de tiro mientras subíamos las escaleras.
Al llegar arriba el sonido lastimero de los muertos volvía a oírse, Sam nos guió hasta una especie de comedor dos pisos más arriba, donde Mel y Mishel habían estado abriendo latas de conserva para la cena.
-Yo he cenado ya, voy abajo a vigilar mientras coméis algo los demás- dijo Mel, mientras cargaba su rifle al hombro y se dirigía a las escaleras.
-Yo voy con él! - dijo rápidamente la nueva saliendo en pos del soldado.
Era bastante hermosa, aunque se la podría calificar de pija, no tendría más de 23 años, y al parecer le gustaban los hombres con uniforme.
-Puedes pasarme ......-Alex se interrumpió al oír un fuerte estrépito. Todos nos miramos durante un segundo antes de que un aviso de Mel desde el piso inferior rompiera el hielo.
-¡Tenemos visita! - dijo Mel mientras otro golpe y el crujir de la madera incrementaban la tensión.
Me encontraba disparando en la sala de entrenamiento cuando sentí la mano de la doctora sobre mi hombro. Me quité un auricular para oírla mejor.
-Venía para comprobar los arañazos en tu cara- dijo la doctora mientras me examinaba la mejilla con ojo experto.
-No te preocupes, no es nada, ¿va todo bien por ahí arriba?
-Mishel, la nueva, parece tomarse demasiadas libertades, trata a Mel como si fuera su siervo.
-¿Y Sam?
La doctora sonríe pícara y responde:
- Procura evitarlo, al parecer le dió un buen susto con algo referente a su querida Edurne.
-¿Edurne?
-Su querida hacha, parece que ya la ha bautizado y todo.
Inevitablemente suelto una carcajada, "inconfundible Sam" pienso, mientras levanto el arma, apunto y disparo al maniquí del fondo acertando en el centro de la diana que es su rostro.
-¡¡Buena puntería!!-exclama Alex sorprendida.
-Muchas horas de práctica, ven, te enseñaré.
Me coloco detrás de ella, mientras se pone los cascos y sopesa el arma. Desde atrás corrijo la posición de sus brazos y le indico por donde apuntar.
-Cuidado con el retroceso, las primeras veces te sorprenderá, así que sujétala con fuerza. Aprieta el gatillo...
El retroceso del arma, tal como había dicho Isaac, me sorprende un poco, aunque ya prevenida, mantengo los brazos firmes, siguiendo sus instrucciones. La bala ha pasado rozando el hombro del maniquí, levantando una nubecilla de polvo y astillas. Me vienen a la cabeza las imágenes de... ¿cuándo fue, ayer? Los difíciles momentos en la zanja, cuando disparé al zombie. Parece que hayan pasado meses... Isaac me quita los cascos, sonriendo.
- No está mal para empezar... Aunque creo que para acabar con los cadáveres, hay que darles en la cabeza. ¿Quieres volver a intentarlo?
Asiento y me coloco de nuevo los cascos. Isaac me levanta un poco los brazos, enderezando mi postura. Después de los acontecimientos de los últimos días, esto me parece incluso divertido. Vuelvo a disparar. Esta vez la bala ha impactado en la cabeza del maniquí. ¿De verdad he acertado en el blanco? Isaac se ríe a carcajadas, que me llegan débiles y amortiguadas debido a los auriculares, probablemente a causa de la expresión de absoluto asombro que tengo en este momento.
Hora y media de prácticas de tiro es un buen entrenamiento para empezar, aunque muy cansado.
-¡Buen tiro muchacha!- la voz de Sam retumbó como un trueno desde la puerta de la estancia.
-Habéis tenido una buena idea, el mundo parece haberse vuelto un poco peligroso últimamente, no esta de más que entrenemos nuestras habilidades de combate pero la cena ya está lista y este viejo estómago no deja de rugir.
Una carcajada a tres voces, resonó en la sala de tiro mientras subíamos las escaleras.
Al llegar arriba el sonido lastimero de los muertos volvía a oírse, Sam nos guió hasta una especie de comedor dos pisos más arriba, donde Mel y Mishel habían estado abriendo latas de conserva para la cena.
-Yo he cenado ya, voy abajo a vigilar mientras coméis algo los demás- dijo Mel, mientras cargaba su rifle al hombro y se dirigía a las escaleras.
-Yo voy con él! - dijo rápidamente la nueva saliendo en pos del soldado.
Era bastante hermosa, aunque se la podría calificar de pija, no tendría más de 23 años, y al parecer le gustaban los hombres con uniforme.
-Puedes pasarme ......-Alex se interrumpió al oír un fuerte estrépito. Todos nos miramos durante un segundo antes de que un aviso de Mel desde el piso inferior rompiera el hielo.
-¡Tenemos visita! - dijo Mel mientras otro golpe y el crujir de la madera incrementaban la tensión.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Mishel
Encontramos la comisaría cerca del mediodía. Estaba en una calle ancha, salpicada de escombros y vehículos abandonados. Parece que es cierto que los caníbales hambrientos que merodean por la ciudad están más atontados en las horas centrales del día, ya que aunque vimos algunos a cierta distancia, su paso lento y descoordinado no fue suficiente para darnos alcance. Frente a la comisaría había aparcados algunos coches de policía. En uno de ellos, el cadáver de un agente todavía uniformado descansaba sobre el volante con un disparo en la sien. Daba la impresión de que se había suicidado, pero no me acerqué a comprobarlo. En lugar de eso, seguí a Isaac, que encabezaba la marcha, al interior del edificio. Las puertas estaban cerradas, pero sin tapiar ni asegurar de ninguna forma. Las cerramos con cuidado y nos dispusimos a explorar el lugar a fondo: armas, munición, provisiones, medicinas... cualquier cosa que pudiéramos necesitar.
Conseguí una escopeta y munición para mi pistola, así como algunas armas más de repuesto para Mel y Alexandra. Sam por su parte desestimó con un ademán y una sonrisa el coger algo que no sabría disparar -"Mi puntería es tan mala que prefiero dar hachazos" -Dijo en el tono desenfadado que le caracterizaba. Tras devorar una comida ligera, decidimos explorar la pequeña comisaría. Mel y yo tapiamos algunas ventanas y colocamos algunos muebles para tener cobertura en caso de "problemas" mientras Sam y la doctora hacían inventario de víveres y munición. Mel dio un brinco cuando una hermosa mujer se abalanzó contra la ventana que estaba tapiando en ese momento, aporreándola con desesperación y pánico al grito de "¡¡¡Abridme!!!"
Durante un instante, todos nos quedamos paralizados. La mujer seguía gritando en el exterior. "¡¡Abridme!! ¡¡Abridme, soy normal!! ¡¡No estoy infectada!!" Nos lanzamos en masa hacia la ventana y ayudamos a Mel a sacar la tabla que estaba utilizando para tapiar la ventana. Había destrozado una mesa para hacerlo y la madera estaba clavada a conciencia, pero finalmente conseguimos abrir un hueco lo suficientemente grande como para que se colara por él. Fue entonces cuando descubrimos el por qué de tanta urgencia, aunque estaba claro de antemano. Eran más de veinte y se acercaban peligrosamente lanzando sus escalofriantes quejidos. La mujer entró rápidamente por la abertura de la ventana y se dejó caer en el suelo, agotada. Inmediatamente después, Mel comenzó a cerrar el hueco de nuevo, trabajando tan deprisa como le era posible. Le pregunté a la recién llegada si había sido arañada o mordida por alguno de los zombies. "No" respondió "pero me hice daño en el brazo al escapar de mi casa". Me mostró su brazo derecho. Estaba empapado en sangre y un corte lo cruzaba casi desde el codo hasta la muñeca.
"¡Escondeos! ¡Deprisa!" Antes de que los zombies se agolparan alrededor del edificio intentando buscar una abertura por la que colarse en pos de la víctima que habían estado siguiendo, estábamos todos escondidos, mirando furtivamente a los apestados desde los rincones más oscuros de la estancia. Quizá no eran capaces de olernos, quizá "pensaran" que habían perdido a su víctima...mi cadena de pensamientos se vio interrumpida por los fuertes golpes que empezaban a dar contra las puertas y las ventanas tapiadas, incluso uno pareció intentar trepar por la ventana abierta sin demasiado éxito. Conseguí esconderme entre dos parapetos próximos a la abertura junto con la chica nueva, el resto estaban bastante más alejados, así que tenía que tener especial precaución ante la insistente amenaza que pretendía entrar. La chica temblaba violentamente y no quedaba resto alguno de color en su rostro, estaba claramente asustada por lo que intenté tranquilizarla en silencio rodeándola con mis brazos. Me sorprendió el hecho de que me apartara violentamente con mirada acusadora, su cuerpo totalmente tenso estaba a punto de saltar...."CRACK"...un fuerte crujido de la madera fue la gota que colmó el vaso. Conseguí coger a la asustada mujer antes de que saliera corriendo y chillando, la inmovilicé y tapé su boca para que no chillara, durante el forcejeo el zombie consiguió meter medio cuerpo por la abertura, no lo veíamos, no nos veía...pero sólo una barricada formada por una estantería nos separaba de su rostro maloliente. Ella estaba frenética, me arañó el rostro y los brazos mientras la sujetaba, aguanté el dolor en silencio mientras podía oír a la criatura arañar la madera con las uñas intentando avanzar. Lo que me pareció una eternidad se rompió de golpe con el grito de alguien desde la calle, seguido de un coro de lamentos de ultratumba. Las criaturas comenzaron a retirarse en pos de aquella nueva víctima, y el que estaba medio metido soltó sus uñas dejándose caer de nuevo en la calle. Fuera ya de todo peligro solté a mi presa y el resto de compañeros se acercaron con el corazón en un puño, conscientes de la escena que acababa de sucederse.
Conseguí una escopeta y munición para mi pistola, así como algunas armas más de repuesto para Mel y Alexandra. Sam por su parte desestimó con un ademán y una sonrisa el coger algo que no sabría disparar -"Mi puntería es tan mala que prefiero dar hachazos" -Dijo en el tono desenfadado que le caracterizaba. Tras devorar una comida ligera, decidimos explorar la pequeña comisaría. Mel y yo tapiamos algunas ventanas y colocamos algunos muebles para tener cobertura en caso de "problemas" mientras Sam y la doctora hacían inventario de víveres y munición. Mel dio un brinco cuando una hermosa mujer se abalanzó contra la ventana que estaba tapiando en ese momento, aporreándola con desesperación y pánico al grito de "¡¡¡Abridme!!!"
Durante un instante, todos nos quedamos paralizados. La mujer seguía gritando en el exterior. "¡¡Abridme!! ¡¡Abridme, soy normal!! ¡¡No estoy infectada!!" Nos lanzamos en masa hacia la ventana y ayudamos a Mel a sacar la tabla que estaba utilizando para tapiar la ventana. Había destrozado una mesa para hacerlo y la madera estaba clavada a conciencia, pero finalmente conseguimos abrir un hueco lo suficientemente grande como para que se colara por él. Fue entonces cuando descubrimos el por qué de tanta urgencia, aunque estaba claro de antemano. Eran más de veinte y se acercaban peligrosamente lanzando sus escalofriantes quejidos. La mujer entró rápidamente por la abertura de la ventana y se dejó caer en el suelo, agotada. Inmediatamente después, Mel comenzó a cerrar el hueco de nuevo, trabajando tan deprisa como le era posible. Le pregunté a la recién llegada si había sido arañada o mordida por alguno de los zombies. "No" respondió "pero me hice daño en el brazo al escapar de mi casa". Me mostró su brazo derecho. Estaba empapado en sangre y un corte lo cruzaba casi desde el codo hasta la muñeca.
"¡Escondeos! ¡Deprisa!" Antes de que los zombies se agolparan alrededor del edificio intentando buscar una abertura por la que colarse en pos de la víctima que habían estado siguiendo, estábamos todos escondidos, mirando furtivamente a los apestados desde los rincones más oscuros de la estancia. Quizá no eran capaces de olernos, quizá "pensaran" que habían perdido a su víctima...mi cadena de pensamientos se vio interrumpida por los fuertes golpes que empezaban a dar contra las puertas y las ventanas tapiadas, incluso uno pareció intentar trepar por la ventana abierta sin demasiado éxito. Conseguí esconderme entre dos parapetos próximos a la abertura junto con la chica nueva, el resto estaban bastante más alejados, así que tenía que tener especial precaución ante la insistente amenaza que pretendía entrar. La chica temblaba violentamente y no quedaba resto alguno de color en su rostro, estaba claramente asustada por lo que intenté tranquilizarla en silencio rodeándola con mis brazos. Me sorprendió el hecho de que me apartara violentamente con mirada acusadora, su cuerpo totalmente tenso estaba a punto de saltar...."CRACK"...un fuerte crujido de la madera fue la gota que colmó el vaso. Conseguí coger a la asustada mujer antes de que saliera corriendo y chillando, la inmovilicé y tapé su boca para que no chillara, durante el forcejeo el zombie consiguió meter medio cuerpo por la abertura, no lo veíamos, no nos veía...pero sólo una barricada formada por una estantería nos separaba de su rostro maloliente. Ella estaba frenética, me arañó el rostro y los brazos mientras la sujetaba, aguanté el dolor en silencio mientras podía oír a la criatura arañar la madera con las uñas intentando avanzar. Lo que me pareció una eternidad se rompió de golpe con el grito de alguien desde la calle, seguido de un coro de lamentos de ultratumba. Las criaturas comenzaron a retirarse en pos de aquella nueva víctima, y el que estaba medio metido soltó sus uñas dejándose caer de nuevo en la calle. Fuera ya de todo peligro solté a mi presa y el resto de compañeros se acercaron con el corazón en un puño, conscientes de la escena que acababa de sucederse.
martes, 4 de agosto de 2009
El superviviente oscuro
Últimamente siento que mi mente se hunde en una espiral de primitiva negrura cada vez más habitualmente. La locura de los acontecimientos que vivimos, el cambiado mundo que ahora nos rodea saca de mi ese "superviviente oscuro", primitivo, capaz de destrozar a golpes a un adolescente infectado sin titubear. Intento amarrarme a mejores recuerdos, tirando con fuerza de mi mismo hacia fuera de la espiral de locura en la que se zambulle mi mente. No quiero hacerme tan insensible, no quiero convertirme en un monstruo sin conciencia capaz de cualquier cosa por sobrevivir... "el superviviente oscuro" me repito varias veces en silencio mientras los demás intentan descansar, todos excepto la doctora, también sumida en sus propios pensamientos. Me levanto en la oscuridad y me aproximo a ella, me acomodo a su lado y sin poder evitarlo, le confieso mis inquietudes.
"¿No puedes dormir?" me pregunta Isaac. Niego con la cabeza. "Pesadillas... ya sabes" le explico. Incluso en la oscuridad, se le nota la preocupación en el rostro. La verdad, no sé cómo animarlo. Es algo que nunca se me ha dado bien. Sólo puedo decirle que entiendo cómo se siente. "Lo que estamos viviendo es demoledor" le digo. "Sería extraño sentirse bien... Además, las cosas que hemos hecho son las que nos han salvado la vida." Baja la mirada y suspira. "Sí, pero... ¿a qué precio?" Nos quedamos callados un rato. "Las situaciones extremas tienen la capacidad de sacar lo peor de cada uno" digo al fin. Isaac asiente en silencio en la oscuridad. A pesar de haber comido y llevar ropa seca de nuevo, me siento peor que nunca.
Siempre es difícil conciliar el sueño cuando sientes que nada volverá a ser igual, ni siquiera tú. Las horas pasaron lentamente durante el resto de la noche y durante la mañana nos dedicamos a atracar el frigorífico y a tomar "prestada" la ropa que nos servía de los armarios. Todo transcurrió tranquilamente, puede que demasiado, así que una vez listos, nos dirigimos hacia la comisaría más cercana, era en opinión de la mayoría uno de los lugares donde podríamos conseguir armas para defendernos con relativa facilidad.
Ninguno de nosotros conocíamos bien aquella parte de la ciudad, así que no disponíamos de mucha información sobre qué dirección tomar para llegar rápidamente a una comisaría de policía. El único que tenía alguna idea sobre el tema era Isaac, aunque tampoco él estaba seguro de la dirección exacta ya que llevaba sólo unas semanas destinado aquí. Me sentí un poco avergonzda, ya que yo llevo viviendo aquí unos ocho años y apenas conseguía orientarme. En fin, son las consecuencias de pasarme la vida en el hospital. No me importaría si no estuviéramos en mitad de una lucha por la supervivencia... Estaba distraída jugando con el martillo entre las manos cuando escuché un grito a mi derecha. "¡Cuidado!" Me di la vuelta, sobresaltada, para descubrir una figura humana tambaleándose peligrosamente cerca de mí. La energía desatada por el miedo fue suficiente para que le fracturase el cráneo en unos pocos golpes. El cuerpo cayó a mis pies, convulsionó un instante, y luego se quedó inerte. Había sido una chica de mi edad, quizá un poco más joven, antes de convertirse en uno de aquellos cadáveres reanimados. ¿Es esta sensación lo que Isaac llama "el superviviente oscuro"?
"¿No puedes dormir?" me pregunta Isaac. Niego con la cabeza. "Pesadillas... ya sabes" le explico. Incluso en la oscuridad, se le nota la preocupación en el rostro. La verdad, no sé cómo animarlo. Es algo que nunca se me ha dado bien. Sólo puedo decirle que entiendo cómo se siente. "Lo que estamos viviendo es demoledor" le digo. "Sería extraño sentirse bien... Además, las cosas que hemos hecho son las que nos han salvado la vida." Baja la mirada y suspira. "Sí, pero... ¿a qué precio?" Nos quedamos callados un rato. "Las situaciones extremas tienen la capacidad de sacar lo peor de cada uno" digo al fin. Isaac asiente en silencio en la oscuridad. A pesar de haber comido y llevar ropa seca de nuevo, me siento peor que nunca.
Siempre es difícil conciliar el sueño cuando sientes que nada volverá a ser igual, ni siquiera tú. Las horas pasaron lentamente durante el resto de la noche y durante la mañana nos dedicamos a atracar el frigorífico y a tomar "prestada" la ropa que nos servía de los armarios. Todo transcurrió tranquilamente, puede que demasiado, así que una vez listos, nos dirigimos hacia la comisaría más cercana, era en opinión de la mayoría uno de los lugares donde podríamos conseguir armas para defendernos con relativa facilidad.
Ninguno de nosotros conocíamos bien aquella parte de la ciudad, así que no disponíamos de mucha información sobre qué dirección tomar para llegar rápidamente a una comisaría de policía. El único que tenía alguna idea sobre el tema era Isaac, aunque tampoco él estaba seguro de la dirección exacta ya que llevaba sólo unas semanas destinado aquí. Me sentí un poco avergonzda, ya que yo llevo viviendo aquí unos ocho años y apenas conseguía orientarme. En fin, son las consecuencias de pasarme la vida en el hospital. No me importaría si no estuviéramos en mitad de una lucha por la supervivencia... Estaba distraída jugando con el martillo entre las manos cuando escuché un grito a mi derecha. "¡Cuidado!" Me di la vuelta, sobresaltada, para descubrir una figura humana tambaleándose peligrosamente cerca de mí. La energía desatada por el miedo fue suficiente para que le fracturase el cráneo en unos pocos golpes. El cuerpo cayó a mis pies, convulsionó un instante, y luego se quedó inerte. Había sido una chica de mi edad, quizá un poco más joven, antes de convertirse en uno de aquellos cadáveres reanimados. ¿Es esta sensación lo que Isaac llama "el superviviente oscuro"?
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