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No había nada cuando desperté, tan sólo una oscuridad líquida que lo impregnaba todo. No tengo manera humana de calcular el tiempo que estuve así, lo mismo habría dado un año, que una década o que un minuto, al ser consciente de algo así, el terror se apoderó de mi, pero todo era inútil. La desesperación, la amargura, la impotencia... nada podía hacer por cambiar mi estado. Y de pronto, el líquido alquitranado y pegajoso empezó a formar un torbellino, que me atrapó en su recorrido, vaciándose rápidamente llevándome hacia la superficie, una superficie que no estaba allí momentos antes, pero que sentía de alguna forma que me aproximaba a ella.
-¡¡Ha abierto los ojos!!! -exclamó Sam dando un respingo con el hacha enarbolada por si acaso. Ante mi borrosa visión, enseguida aparecieron las chicas, Mishel cubriéndose tras Sam y Alex, mientras ésta última se acercaba con cuidado pistola en mano.-¿Tenéis un poco de agua? Estoy seco -conseguí exclamar, no sin dificultad.
-¡Por Dios, ha funcionado! ¡Sea lo que sea que le inyectaron ha evitado que se convierta en un muerto! -dijo Mishel asombrada.
Entonces me acordé, y no pude evitar dirigir mi mirada hacia la pierna herida por el mordisco, alcé el rostro hacia el de Alex y sin mediar palabra la expresión de mi cara le preguntó, ¿qué me ha pasado?Apenas podía creerlo. Había pasado poco tiempo desde que los tipos con trajes de seguridad se marcharon. Después de extraerle a Isaac muestras de sangre y tejido de la herida, dijeron que tal vez no se convertiría. Por lo que pude escuchar de su conversación, no habían probado el compuesto con un paciente en fase tres (sea lo que sea lo que eso signifique). Luego, se marcharon, sin esperar a ver si su predicción se cumplía o no. No dieron explicación de quiénes eran ni de qué pretendían descubrir con todo aquello, aunque obviamente era algo relacionado con lo que estaba causando este maldito apocalipsis.
Mientras Sam se apresuraba a buscar en las mochilas la única botella de agua que pudimos salvar en nuestra apresurada huída, me acerqué a Isaac y le puse la mano en la frente. La fiebre había bajado significativamente y probablemente ahora se reducía a unas décimas. La sangre había dejado de coagularse y parecía fluir sin problemas. En su piel, todavía pálida, las venas iban dejando de marcarse y su aspecto era menos aterrador. No podía creer lo que veían mis ojos... Incluso alrededor de la herida de su tobillo se apreciaba una ligera mejoría. ¿Estaba remitiendo de verdad la infección? Mishel, a unos pocos pasos de mi posición, me miraba preocupada, leyendo en mi rostro esa misma pregunta.
Ayudamos a Isaac a incorporarse y apoyar la espalda en la pared. Le conté todo lo que había ocurrido mientras él estaba inconsciente. A nuestro lado, Sam y Mishel recordaban aquellos difíciles momentos al ritmo de la historia. Al terminar, nos quedamos mirando a nuestro recién recuperado compañero.
- Y tú, ¿cómo te encuentras?-Siento palpitaciones en cada centímetro de mi cuerpo, así como el recuerdo de que se me quemaban las venas...*tose ligeramente*...no se si podré levantarme. ¿Estamos a salvo aquí?
-No lo creo, podemos esperar un par de horas, pero deberíamos partir en cuanto amanezca, aquí no tenemos con qué hacernos fuertes- dijo Sam con tono de preocupación.
Asentí cerrando los ojos cuidadosamente para aprovechar las pocas horas que quedaban para marcharnos y descansar. Estaba vivo, no termino de comprender aún cómo es posible... todavía tengo en el cuerpo las sensaciones de agonía y fogonazos de dolor, tan sólo espero recuperarme del todo.Mientras el resto del grupo preparaba algo de comida y recogía las cosas preparandonos para la marcha me dormí como últimamente era costumbre, con la nana de los muertos sonando a lo lejos, en la calle.
- Debiste cortarle el pie al ver la mordedura. Un torniquete no es suficiente.
- Si hubiera tenido un equipo quirúrgico, lo habría hecho -respondo malhumorada, mientras termino de ajustar una venda alrededor de la pierna, justo por encima de la herida-. O qué, ¿le amputo el pie con el hacha de Sam?- Por ejemplo.- ¿Tengo que volver a explicarte por qué no es una buena idea?
- Dejadlo ya, chicas -interviene Sam, en tono cansado, probablemente de oirnos discutir. Mantiene la vista fija a través de la ventana y ni siquiera se da la vuelta para hablarnos. Está evitando mirar a Isaac. Mishel también se mantiene alejada, se limita a observar cómo limpio la herida de nuestro compañero y envuelvo su tobillo en un rudimentario vendaje. Mi provisión de medicinas es jodidamente limitada y lo único que he podido hacer es darle ibuprofeno para la fiebre y una buena dosis de aspirinas con la esperanza de enlentecer el ritmo al que se coagula su sangre. El torniquete evitará que vuelva la hemorragia, pero la infección... se ha extendido tan rápido que apenas he tenido tiempo para reaccionar. Durante un rato, perdía y recuperaba la consciencia, pero cada vez me costaba más despertarlo. Al final ha dejado de responder del todo. Está en coma, me temo. A este ritmo, no creo que sobreviva a la próxima hora. Y todo apunta a que se reanimará convertido en un maldito antropófago. Mierda, no puedo dejar que pase eso, tengo que hacer algo... Y lo único que se me ocurre, es que mientras lo mantenga con vida no se transformará en una de esas criaturas.
- ¿Por qué no nos vamos antes de que se convierta en zombie? -dice Mishel, volviendo a la carga, aunque ahora percibo más miedo que malicia en su voz. Lo que más me fastidia es que sé que está siendo la más sensata de los tres. Sam me ahorra tener que responder a eso.
- Desde aquí veo una farmacia.
Me pongo en pie de un salto y corro junto a Sam. No debe de faltar mucho para el amanecer, ya que a través de la penumbra puedo distinguir el cartel del establecimiento. Una farmacia, justo al otro lado de la calle. Tan sólo son unos metros... tomo la decisión en una fracción de segundo.
- Ahora vuelvo -le digo a Sam, y luego, en voz baja, añado- vigílalos.Cojo una mochila y una pistola, el martillo ya lo llevo colgado de la cintura. El pobre Sam apenas tiene tiempo de gritarme que no lo haga, que es muy peligroso, antes de verme desaparecer por la escalera que conduce a la planta baja.
Siento el pulso descontrolado y la respiración acelerada mientras bajo la escalera con la pistola en alto. No se ve ningún cadáver por aquí, aunque en algunos lugares encuentro señales de su paso: manchas de sangre en las paredes, muebles destrozados... Intento ignorarlas y sigo corriendo. Algo tiene que haber en esa farmacia que me ayude a mantener a Isaac con vida un poco más de tiempo...
Al llegar a la planta baja me desoriento un poco. Está muy oscuro y no veo nada; por el momento decido escuchar en busca de señales de movimiento. Todo parece tranquilo, así que rebusco en la mochila hasta encontrar una linterna. Al encenderla, veo que me rodean unos diez vehículos de la policía, entre coches y furgonetas. Me dedico a explorar la estancia con el débil haz de luz, concentrándome en encontrar una salida segura para evitar esa opresión en el pecho que me dice que voy a arrepentirme de esto.
De repente, escucho un golpe a mi izquierda. Al darme la vuelta, descubro un cadáver en el interior de uno de los coches, que grita enloquecido mientras aporrea la ventanilla con todas sus fuerzas. Al salir corriendo me doy cuenta de que había dejado de respirar y cojo una gran bocanada de aire mientras me abalanzo sobre una puerta metálica. Afortunadamente, está abierta. Parece que el apocalipsis pilló desprevenido a todo el mundo, y ni siquiera hubo tiempo de asegurar las salidas. Sin embargo, en mi precipitada carrera hacia el exterior mientras huía del zombie atrapado en el coche, olvidé que la calle está plagada de ellos.
Al salir del garaje me encuentro a unos veinte metros de la entrada de la comisaría, donde los muertos están más concentrados. Lógico, después de haber entrado hace un rato... aunque a mí me parece que fue hace siglos. Sin entretenerme, echo a correr hacia la farmacia intentando hacer el menor ruido posible, aunque sé que pronto o tarde repararán en mi presencia. La tensión que siento es tan grande que creo que voy a romperme en pedazos...
Esperaba poder romper la puerta de la farmacia con el martillo, pero no será necesario. La puerta está abierta de par en par y el interior del establecimiento aparece destrozado bajo la luz de mi linterna. Alguien ha pasado por aquí y ha dejado los estantes prácticamente vacíos. El estómago se me encoge y me falta el aire, pero no puedo marcharme sin más. Tal vez encuentre algo útil, tiene que haber un almacén o algo, ¡joder!
Parece que no hay nadie, así que me adentro en la farmacia, con la pistola preparada, eso sí. No confío demasiado en mis habilidades de lucha, pero al menos me defenderé si me ataca alguien... o algo. En la trastienda encuentro un armario que los saqueadores han dejado casi intacto. Meto en la mochila todo lo que pueda ser de utilidad: jeringuillas, gasas, vendajes y medicaciones de distintos tipos. Estoy arrodillada en el suelo, rebuscando en un cajón, cuando escucho un sonido extraño detrás de mí, como un chasquido. Me doy la vuelta despacio, con la pistola agarrada firmemente y casi sin respirar. Me encuentro cara a cara con el cañón de un arma enorme que apunta directamente a mi cabeza.
- No te muevas -dice el visitante. Su voz suena distorsionada porque habla a través de una máscara de gas. Lleva una especie de traje de seguridad, que le cubre todo el cuerpo y le hace parecer más corpulento de lo que en realidad es aunque, de hecho, es un hombre enorme. Tiene, además, un chaleco repleto de bolsillos, pero no puedo ver qué lleva en ellos. La visión me resulta terrorífica, nunca había estado tan quieta.
Ladea la cabeza. Me pone nerviosa no poder verle la cara.- ¿Sabes qué hago con los saqueadores como tú? -dice en tono amenazador. Entonces me echo a temblar.
- N-no... ¡no soy ninguna saqueadora! -consigo articular, tartamudeando-. Necesitaba medicinas... mi amigo se está muriendo...
- ¿Muriendo? ¿De qué?
Me quedo callada, no sé si responder a la pregunta. No puedo confiar en alguien que me apunta a la cabeza con un cacharro que parece sacado de una película. Entonces acciona el cargador, y vuelve a preguntar.
- Dime de qué se muere o no sales de aquí.
- Una... una de esas cosas le atacó y...
Me callo al ver que saca un walkie del bolsillo.
- Aquí Johan. Tengo algo.
- Mirad qué he encontrado ahí dentro -dice Johan, triunfante, al salir de la farmacia. Me ha robado la pistola y me ha sacado del local prácticamente a rastras. Fuera están los que supongo que son sus compañeros, cinco o seis tipos vestidos igual que él, empuñando armas como la suya. Aquí hay más luz y puedo ver en sus trajes el acrónimo NBD. Me empuja hasta situarme unos pasos por delante de él, mostrándome a los demás como un trofeo. Contengo la respiración al ver las armas apuntando en mi dirección.- Johan nos ha traído un regalito... -dice uno, avanzando hacia mí. Cómo me gustaría partirle la cara.- No es para eso, gilipollas -interrumpe Johan, agresivo-. Creo que nos puede conducir hasta un paciente en fase dos o tres.
- ¿Dónde está? -pregunta otro, visiblemente interesado. No me gusta nada el rumbo que está tomando todo esto. Johan se acerca a mí y me golpea la espalda con el cañón del arma. Me quedo paralizada un instante, me vuelve a golpear con más fuerza y me hace tropezar. Oigo algunas risas amortiguadas.
- Llévanos hasta él.
No me hace ninguna gracia que estos animales encuentren a Isaac, pero no tengo ninguna duda de que sus amenazas van en serio. No sé de dónde pueden haber salido ni quienes son, ya que no responden a mis preguntas. Temblando de miedo, los conduzco hasta los demás, temiendo que mi acción sea una condena a muerte para todos.
Llegamos hasta el despacho donde están mis compañeros. Los tres siguen allí, Mishel y Sam al parecer discutiendo, Isaac en el suelo, inmóvil. Por favor, por favor que no esté muerto... Los recién llegados no pierden el tiempo. Irrumpen en la estancia con las armas preparadas, dando un susto de muerte a Sam y a Mishel. Nos empujan hasta un rincón sin contemplaciones. Sam intenta resistirse, pero lo único que consigue es un culatazo en la cara. Un par de ellos forcejean con él hasta inmovilizarlo, no dudan en asestarle puñetazos y patadas cada vez que intenta algún movimiento. Otros dos se han encargado de sujetarnos a Mishel y a mí. Les grito todos los insultos que conozco e intento liberarme, pero mi oponente no tiene problema en estamparme contra la pared mientras me retuerce el brazo y yo grito de dolor. Aunque nos amenazan con las pistolas, evitan utilizarlas. Deben de estar ahorrando munición.
Los dos que han quedado libres se han arrodillado alrededor de Isaac. No puedo ver lo que están haciendo con él pero me temo que no es nada bueno. Soy una jodida idiota, no debí conducirles hasta aquí...
- ¿Tienes la vía? -dice uno de los que están con Isaac, reconozco la voz de Johan.
- Sí, ya está. Parece que intentaron parar la coagulación de la sangre. Está muy fluida para estar en fase tres, pero el estado de coma no deja lugar a dudas.
- Bien -dice Johan-. Puedes empezar.
No estaba sorprendido, recordaba perfectamente el rostro del cadáver que me había mordido. Y casi desde el primer segundo sentí un calor abrasador en la zona donde estaba la herida, pero un frío intenso que recorría mis venas. Miro el reloj, y tan sólo han pasado unos minutos desde que he sido mordido, no podemos estar seguros de nada aunque en mi interior ya sé que algo no va bien. Mis compañeros me miran horrorizados, no saben qué hacer, las dudas fluyen por sus ojos nítidamente.
-No tiene por qué pasar nada, quizá sea una infección o un efecto de mordedura, las transformaciones milagrosas sólo pasan en las películas- añadió Sam restándole tensión al momento.
-¡¡Todo lo que nos pasa tiene que ver con las películas!! -exclamó Mishel nerviosa y desconfiada.
Alex no dice nada, sólo me quita el sudor en un paño empapado de agua, sin mirarme directamente a la cara. Ninguno sabe con certeza lo que va a pasar, pero yo ya me siento condenado. Quince minutos, siento como la fiebre sube rápidamente, empiezo a temblar...
La doctora Sky y el resto están en una pequeña discusión, los nervios están a flor de piel, siento como si los escuchara cada vez un poco más lejos, y calculo que no deben de estar a más de 10 metros en la estancia. Veinte minutos desde la mordedura, Sam me da algo de comer, dice que me dará fuerzas. Debo tener muy mal aspecto tal y como me mira Mishel, es la que menos disimula y puede que en este caso la que me muestre más sinceridad. Gracias a ella ahora sé que doy miedo. Me despierto como si hubiera pasado una eternidad, miro el reloj y veo que sólo han pasado dos minutos, Alex está a mi lado, ha intentado reanimarme pero en ningún momento he sentido cómo me sacudía, ni cómo me gritaba. Treinta minutos; Sam disimula, pero tiene su hacha bien afianzada, y sé que está en tensión por cómo aprieta los puños contra el mango. Me miro los brazos y parecen más delgados, quizá sea mi imaginación, lo que sí asusta son mis venas, me duelen, y se marcan más de lo habitual. Apenas puedo oírles, tan sólo un martilleo en mi cabeza, doloroso y rítmico. Parece el martilleo de un corazón desbocado, luchando por escapar, por sobrevivir. Despierto de nuevo, miro el reloj, treinta y cinco minutos y otra aparente eternidad. Si no fuera por el reloj diría que llevo días así. Me sobresalto cuando Alex señala mi brazo, las venas están negras y mi aspecto general no promete ser mejor. Siento como si transportaran hielo líquido, quemando de frío... y de pronto siento un quemazón en el pecho, muy fuerte. Siento mi cuerpo convulsionar antes de que la oscuridad se apodere de mí.
Por un instante me vi suspendida en el aire, después, mi cuerpo impactó brutalmente contra la cubierta del edificio que había junto a la comisaría. A mi espalda escuché el aullido desgarrador de la criatura al precipitarse al vacío, luego un fuerte estruendo y los gritos de Sam y Mishel mientras corrían hacia el borde del tejado. Me incorporé lentamente, recuperándome del golpe, y gateé hasta situarme a su lado. Abajo, en el suelo, el cadáver que nos había perseguido se arrastraba por el callejón, pero no había rastro de Isaac.
- Tiene que haberse metido por alguna de las ventanas -dijo Sam, respondiendo a la pregunta que todos teníamos en la cabeza.
Entramos en el edificio a través de una trampilla, con suma cautela y las armas preparadas, ya que no sabíamos qué podíamos encontrarnos en el interior. Sam, que encabezaba la marcha, nos indicó que guardáramos silencio mientras comenzábamos a avanzar por un pasillo estrecho y de techo bajo. Mishel iba detrás de él, sin abrir la boca, y yo iba en último lugar, vigilando continuamente mis espaldas. No encontramos rastro de Isaac en aquel nivel, así que descendimos al piso inferior. Tampoco nos cruzamos con ningún muerto, aunque seguíamos oyendo sus gemidos lejanos, en la calle.
Recorrimos el piso inferior conteniendo la respiración. Sam se asomaba a todas las habitaciones, que parecían oficinas, y negaba, con un suspiro, en cuanto comprobaba que estaban vacías. En una de ellas encontramos un par de cadáveres, definitivamente muertos ya que tenían el cráneo destrozado. Al parecer, alguien había pasado por allí antes que nosotros. No supe si tranquilizarme o alarmarme por ello. Finalmente, tras abrir una de las puertas, Sam soltó una exclamación que apenas entendí, y todos nos precipitamos dentro de la habitación. Era una especie de despacho que parecía haber sido abandonado a toda prisa, con papeles desperdigados sobre la mesa y una silla volcada. Cerca de la ventana había un cuerpo inerte, sobre una alfombra de sangre y cristales rotos. Nos aproximamos a él con cautela, y finalmente respiramos al comprobar que su pecho subía y bajaba, rítmicamente, y que por tanto estaba vivo, al menos de momento. Me arrodillé a su lado mientras Sam se quedaba en la puerta, vigilando, y Mishel observaba preocupada desde una distancia prudencial.
Tenía pulso, un poco acelerado, y respiraba al parecer sin dificultad. La ropa y la piel aparecían manchadas de sangre, aunque no podía decir si era toda suya o no. Estaba inconsciente, y tenía varios cortes y arañazos en las manos y en la cara, que no parecían ser demasiado graves. Empezó a volver en sí mientras revisaba su pierna derecha, ya que tenía el pantalón empapado en sangre, y entonces, al retirar la bota destrozada, vi la herida, más o menos a la altura del tobillo. Ésta sí parecía grave... Isaac me miró con expresión sombría mientras las manos comenzaban a temblarme y casi sin darme cuenta me ponía a negar con la cabeza.
- No... no... no...
Tenemos que salir de aquí, rápido, ya. Hay que buscar una forma de escapar... pero no puedo pensar si Mishel no deja de sollozar detrás de mí.
- ¡Cállate, por favor! -le grito, exasperada. Ella me mira, dolida, y se lleva una mano al hombro dislocado. Es una lesión dolorosa, pero, por suerte, una de las primeras cosas que aprendí a solucionar. Le agarro el brazo y, con un movimiento brusco, coloco la articulación en su sitio. Se oye un fuerte crujido seguido de un grito de dolor. Espero que así deje de lloriquear.
Sam nos alerta, se oyen ruidos en los pisos inferiores, estaremos perdidos si no hacemos algo. Mel está muerto. Isaac podría estarlo. Me tiemblan las manos, creo que estoy perdiendo los nervios. Corro hacia uno de los extremos de la azotea. El edificio contiguo a la comisaría es una especie de garaje donde los policías dejan los coches patrulla, aunque en la parte superior se ven ventanas, probablemente haya algún tipo de oficina. Su cubierta es plana, así que si pudiéramos llegar hasta ella, tal vez tuviésemos una oportunidad de salir de esto con vida... Pero estamos demasiado altos para saltar, y no podemos volver al piso de abajo. Alex, ¡eres una científica! ¡piensa algo! Miro a mi alrededor, buscando algo que pueda sernos útil.- ¡Una escalera! -exclama Sam. En el suelo de la azotea hay una escalera, probablemente utilizada para el mantenimiento de las antenas de radio y telefonía, de las que estamos rodeados. La coge triunfante y se asoma a la barandilla para colocarla, yo dirijo una mirada nerviosa a la puerta de acceso a las escaleras. Desde abajo siguen llegando gemidos, gritos y golpes, desesperadamente intento distinguir la voz de Isaac, pero no lo consigo.
Mierda. Mierda, mierda, mierda. La escalera no llega, ha caído sobre la cubierta del edificio anexo y seguimos sin poder escapar, y los ruidos son cada vez más intensos. Escuchamos unos pasos vacilantes que se acercan. Por favor, por favor, que sea Isaac. Sam se acerca sigilosamente a la puerta, con el hacha en alto. Una figura atraviesa el umbral, y se vuelve hacia él con los brazos estirados y la mirada perdida. Sam, sin vacilar, le parte el cráneo con el hacha, salpicándose de sangre y astillas de hueso. Consciente de que pueden llegar más, saco el arma con la que he estado practicando antes. Sin embargo, de momento, no aparece ninguno más, y lo más urgente es encontrar una forma de escapar de aquí. Mishel está llorando de nuevo, voy a volverme loca.
- ¿Crees que alguna de las antenas nos serviría para pasar al otro edificio? -dice Sam. Me asomo a la barandilla de nuevo, tal vez si encontramos un lugar donde fijar uno de los extremos...
- Si apoyamos un extremo al aparato de aire acondicionado podría actuar como tope... y podríamos deslizarnos hasta abajo -le digo. Es un poco arriesgado, pero a estas alturas, qué más da, moriremos de todas formas. Sam se acerca a una de las antenas y comienza a darle hachazos en la base. Va sonriendo a medida que el metal cede a sus brutales golpes, y de repente Mishel y yo tenemos que apartarnos para que la antena no nos aplaste. Cae con un fuerte estrépito, lo cual me temo que atraerá a más cadáveres, así que debemos ser rápidos. Colocamos la antena bien apoyada: la base, en la cubierta del otro edificio, apoyada en un aparato de aire acondicionado, el otro lado, sobre la barandilla de la azotea de la comisaría. Está bastante inclinada, pero confío en que podremos bajar por ella. Sam y Mishel bajan primero, deslizándose lentamente por el metal. A ella le sigue doliendo el brazo, así que necesita un poco de ayuda. Una vez llegan abajo, los escucho respirar aliviados, y les lanzo las mochilas que hemos podido rescatar durante nuestra huida. Antes de tener tiempo de darme la vuelta, oigo uno de esos escalofriantes aullidos a mi espalda, no necesito mirar para saber qué es, agarro firmemente la pistola y, dándome la vuelta, disparo. La bala impacta en su pecho, pero el maldito despojo apenas se tambalea. Disparo de nuevo, esta vez acierto en el ojo y el cuerpo cae al suelo, inerte.
Se oyen de nuevo ruidos y pasos en las escaleras, pero no me atrevo a cerrar la puerta. ¿Y si es Isaac a quien impido salir? Me quedo un momento muy quieta, conteniendo la respiración, con el pulso tan acelerado que me pregunto por qué no estoy sufriendo un infarto. Y entonces, aparece. Cubierto de sangre y con el dolor grabado en el rostro, rápidamente cierra la puerta y se dirige a mí, cojeando.- ¡Hay uno de los rápidos! -grita Isaac, con la voz rota.Era noche cerrada cuando salí al tejado de la comisaría, sentía el incesante martilleo de mi agitado corazón en las sienes. Ladré una advertencia a la doctora en cuanto la vi cerca de una improvisada pasarela, mientras, empecé a avanzar lo más deprisa que pude, cojeando. Me dolía horrores, pero a mis perseguidores eso no les importaba, seguían ascendiendo por las escaleras implacables, hambrientos. Conseguí alcanzar a Alex justo cuando apareció al exterior, allí estaba, mirándonos con ojos crueles y rostro desencajado, empezó a caminar, cada paso más rápido que el anterior, abalanzándose contra nosotros iniciando una pequeña carrera. Sam nos gritaba desde el otro edificio desesperado y encogido de consternación, Mishel lloraba acurrucada sin querer mirar la escena que acontecía a escasos metros de ellos. Alex empezó a cruzar por la pasarela, ayudándome con mi cojera, el zombie se aproximaba, "demasiado rápido" -pensé, iba a alcanzarnos y probablemente a lanzarnos al vacío. Empujé a Alex con todas mis fuerzas hacia el tejado del edificio colindante, y salté, la predecible criatura, saltó detrás de mí. Había una cuenta pendiente entre él y yo, al parecer él también lo entendió así. No podría decir cuantos metros caí hasta estamparme contra el cristal de una ventana, probablemente unos dos o tres pisos por debajo. No pensé que llegaría con la pierna herida, al saltar, pero oí el grito desgarrador de la endemoniada criatura al caer al vacío justo antes de que la oscuridad se cerniera sobre mí, dejándome nadar en un mar de inconsciencia.
En apenas unos segundos estábamos en el piso de abajo, armados y aterrorizados. Los crujidos y golpes procedentes de las ventanas y la puerta se escuchaban ahora con más claridad, acompañados por los escalofriantes gemidos de los muertos que intentaban entrar en el edificio. Mel, medio desnudo, empujaba una mesa hacia la puerta con intención de reforzar la pequeña barricada que habíamos construido antes. Mishel se encontraba en el centro de la estancia, completamente paralizada y con una expresión en el rostro que era el reflejo del pánico, sujetando la camisa de Mel entre sus manos temblorosas. Los golpes eran cada vez más fuertes.- ¡Tenemos que contener el ataque! -gritó Mel desde la puerta-. ¡Hay demasiados ahí fuera para enfrentarnos a ellos!
Su voz actua como catalizador, y rápidamente nos ponemos en marcha, mientras el militar nos da instrucciones sobre qué hacer. Isaac corre a su lado para ayudarle a reforzar la puerta, los demás, nos dirigimos a las ventanas de la parte frontal, que parece ser la que está siendo atacada. Comienzo a empujar una estantería hacia una de ellas, mientras siento cómo mi pulso se acelera y una oleada de adrenalina recorre mi cuerpo.Los golpes desde el exterior son brutales, Mel y yo rebotamos con cada embestida desde afuera, y la madera gruñe y se retuerce con los golpes. "Es inútil, su fuerza es muy superior a la humana y parecen incansables, la puerta no aguantará mucho.."- pienso mientras hago fuerza con todo mi cuerpo para sujetar la puerta junto a Mel. Miro a mi alrededor y la situación no es mejor para el resto de mis compañeros, Sam y Alexandra sujetan cada uno una ventana tapiada, mientras la madera cruje cada vez con más fuerza y las astillas saltan a su alrededor. Al otro lado de la estancia está Mishel, abro los ojos como platos al ver lo que está haciendo, ha descolocado varias tablas de las que tapiaban la ventana dejando una abertura para acceder al interior, entonces caigo en la cuenta, su ventana no está siendo atacada, ¿pretende escapar mientras entretenemos a los zombies?
-¡¡AAAAhhhhh!!- Un grito de mujer interrumpe mis pensamientos, uno de los malditos la ha atrapado por el brazo y tira violentamente de ella hacia el exterior, puedo oír entre el caos el crujido de su hombro al descolocarse del sitio, Mel me deja solo ante la puerta, cierro los ojos por un momento aguantando la embestida, que rompe una de las tablas provocando un agujero en la puerta por encima de mi cabeza. En dos zancadas Mel se sitúa a la altura de Mishel, golpea violéntamente al zombi con su porra consiguendo que deje a su presa.
-¡¡Aléjate de la ventana!!- grita a la muchacha, mientras a patadas estampa la suela de su bota sobre los rostros de los malditos que intentan acceder desesperados al interior. Inmediatamente después, algo entra como lanzado desde el exterior, derribando a Mel con mucha fuerza contra el suelo entre gruñidos y forcejeos. Mishel, gimoteando, se arrastra hasta las escaleras para iniciar el ascenso al piso superior, otra embestida me lanza de espaldas contra el suelo. Hay un nuevo agujero en la puerta, pronto accederán al interior.
-¡¡Subid, dejad las ventanas y subid!! -Grito mientras me incorporo y saco mi arma. Uno, dos, tres tiros, la criatura cae al lado de Mel mientras la maltrecha puerta no resiste la siguiente embestida y exhala un crujido definitivo entre astillas de madera. Los ojos vacíos de Mel me miran mientras se forma en su espalda una espesa capa carmesí. Esta muerto, con una horrible herida en el cuello, inerte. Alex ayuda a Mishel a subir con dificultad, mientras Sam se coloca a mi lado, con el hacha presta dispuesto a todo. Otra ventana se abre con una nube de virutas de madera, y más demonios hambrientos entran en la comisaría. No dejo de disparar mientras la sangre salpica a Sam en sus brazos y rostro con cada hachazo.
-¡¡Sube maldita sea Sam, yo soy el que tiene el arma a distancia!! -grito a la dese
sperada.Mi última visión de la planta baja de la comisaría me provoca un fuerte dolor en el pecho. Las ventanas que tratábamos de contener han saltado en pedazos, y el suelo está cubierto de cristales rotos y madera astillada. Sam e Isaac están retrocediendo a medida que los zombies ganan terreno. A un lado, en el suelo, veo a Mel. Bajo su cuerpo se ha formado un gran charco de sangre procedente de la herida en su cuello. Una estantería llena de archivadores ha caído encima de él, dejándolo atrapado a la altura de la cintura, pero no importa, ya está muerto. Me alejo de la dantesca escena oyendo los gritos de Isaac ordenando a todos subir al piso de arriba, tirando de Mishel que, dolorida y aterrorizada, apenas es capaz de articular las palabras.
- ¡Te colocaré el hombro después, ahora sube! -le grito, comenzando a perder los nervios. Llegamos a la segunda planta, pero ello no supone que estemos más seguras, sólo es cuestión de tiempo que suban hasta aquí. Le ordeno a Mishel que suba hasta la azotea, yo cojo un par de nuestras mochilas y la sigo. Oigo a alguien detrás de nosotras, rezo para que sea uno de los nuestros y corro escaleras arriba tan rápido como puedo. Finalmente, llego a la puerta que da acceso a la azotea, que Mishel mantiene abierta para que pueda pasar. Poco después, aparece Sam. Dice que Isaac sigue abajo. Entonces, escuchamos un fuerte estrépito y, por un momento, se hace el silencio.
"¿Estáis bien?" susurró Sam, sin atreverse a levantar la voz todavía. Todos asintieron en silencio. Enseguida, él y Mel se pusieron a reforzar las ventanas y puertas tapiadas, por si a nuestros recientes visitantes se les ocurría volver. Mientras Isaac trataba de tranquilizar a la chica nueva, fui corriendo a buscar un botiquín para curar la herida que tenía en el brazo. Lo encontré, como suponía, en el cuarto de baño. Cuando entré, me quedé helada durante un momento. Todo estaba blanco, limpio. Había toallas, jabón, papel higiénico. Al cerrar la puerta, casi parecía que no estaba viviendo el mismo apocalipsis. Disfruté durante algunos segundos de aquella ilusión de normalidad, aún sabiendo que volver a la realidad sería más duro todavía, luego, descolgué de la pared el armarito con las medicinas y volví junto a los demás. Me arrodillé junto a la chica nueva y le cogí el brazo suavemente. "Me llamo Alexandra, ¿y tú?" dije. "Mishel" respondió. "Voy a limpiarte la herida con antiséptico para que no se infecte", le expliqué, al tiempo que dejaba caer sobre el corte un chorro de líquido transparente. Ella levantó una ceja. "¿Qué eres, enfermera o algo así?" preguntó. "Médico residente en urgencias" respondí, tal vez en un tono demasiado cortante.Me encontraba disparando en la sala de entrenamiento cuando sentí la mano de la doctora sobre mi hombro. Me quité un auricular para oírla mejor.-Venía para comprobar los arañazos en tu cara- dijo la doctora mientras me examinaba la mejilla con ojo experto.-
No te preocupes, no es nada, ¿va todo bien por ahí arriba?-
Mishel, la nueva, parece tomarse demasiadas libertades, trata a Mel como si fuera su siervo.-
¿Y Sam?La doctora sonríe pícara y responde:
- Procura evitarlo, al parecer le dió un buen susto con algo referente a su querida Edurne.-
¿Edurne?-Su querida hacha, parece que ya la ha bautizado y todo.Inevitablemente suelto una carcajada, "inconfundible Sam" pienso, mientras levanto el arma, apunto y disparo al maniquí del fondo acertando en el centro de la diana que es su rostro.-
¡¡Buena puntería!!-
exclama Alex sorprendida.-
Muchas horas de práctica, ven, te enseñaré.Me coloco detrás de ella, mientras se pone los cascos y sopesa el arma. Desde atrás corrijo la posición de sus brazos y le indico por donde apuntar.-
Cuidado con el retroceso, las primeras veces te sorprenderá, así que sujétala con fuerza. Aprieta el gatillo...El retroceso del arma, tal como había dicho Isaac, me sorprende un poco, aunque ya prevenida, mantengo los brazos firmes, siguiendo sus instrucciones. La bala ha pasado rozando el hombro del maniquí, levantando una nubecilla de polvo y astillas. Me vienen a la cabeza las imágenes de... ¿cuándo fue, ayer? Los difíciles momentos en la zanja, cuando disparé al zombie. Parece que hayan pasado meses... Isaac me quita los cascos, sonriendo.
- No está mal para empezar... Aunque creo que para acabar con los cadáveres, hay que darles en la cabeza. ¿Quieres volver a intentarlo?Asiento y me coloco de nuevo los cascos. Isaac me levanta un poco los brazos, enderezando mi postura. Después de los acontecimientos de los últimos días, esto me parece incluso divertido. Vuelvo a disparar. Esta vez la bala ha impactado en la cabeza del maniquí. ¿De verdad he acertado en el blanco? Isaac se ríe a carcajadas, que me llegan débiles y amortiguadas debido a los auriculares, probablemente a causa de la expresión de absoluto asombro que tengo en este momento.Hora y media de prácticas de tiro es un buen entrenamiento para empezar, aunque muy cansado.-¡Buen tiro muchacha!- la voz de Sam retumbó como un trueno desde la puerta de la estancia.-Habéis tenido una buena idea, el mundo parece haberse vuelto un poco peligroso últimamente, no esta de más que entrenemos nuestras habilidades de combate pero la cena ya está lista y este viejo estómago no deja de rugir.Una carcajada a tres voces, resonó en la sala de tiro mientras subíamos las escaleras.Al llegar arriba el sonido lastimero de los muertos volvía a oírse, Sam nos guió hasta una especie de comedor dos pisos más arriba, donde Mel y Mishel habían estado abriendo latas de conserva para la cena.-Yo he cenado ya, voy abajo a vigilar mientras coméis algo los demás- dijo Mel, mientras cargaba su rifle al hombro y se dirigía a las escaleras.-Yo voy con él! - dijo rápidamente la nueva saliendo en pos del soldado.Era bastante hermosa, aunque se la podría calificar de pija, no tendría más de 23 años, y al parecer le gustaban los hombres con uniforme.-Puedes pasarme ......-Alex se interrumpió al oír un fuerte estrépito. Todos nos miramos durante un segundo antes de que un aviso de Mel desde el piso inferior rompiera el hielo.-¡Tenemos visita! - dijo Mel mientras otro golpe y el crujir de la madera incrementaban la tensión.